3rd larger Version Doctor William Crotch playing piano, photograph of a painting por SerenethosArt.

 

Una tarde tras otra insiste en hacerse amigo de la felicidad. Casi siempre le parece ver reflejada su sonrisa en el culo del vaso. Esta vez le ha pasado. Vuelve a coger la botella y a llenarlo con parsimonia. Afina la guitarra, comienza a puntear las cuerdas sin saber a donde le conducirán sus dedos ¿a la soledad? ¿hasta los besos de un antiguo amor? ¿hacia la sencillez y la rotundidad del viento?. Desliza su mano izquierda calculadamente, delicadamente, sobre el mástil, tanteándolo... trasteando... acariciando las cuerdas que lo cruzan. Provenientes de la caja se escuchan unas olas que rompen frente a la playa, los jadeos de una muchacha a punto de romper en lágrimas... Hablan las cuerdas, la madera, el vacío: reproducen las palabras amargas de una amante dolida que no le permitió quererla menos de lo que amaba a la tristeza. Una mujer morena, cuyo orgullo herido la hacía recelar insistentemente de la sinceridad de su amor. Una mujer desdichada.

 Y sus dedos aflojan la presión que ejercen, dejan de moverse, se quedan inertes... sin haber podido dar tampoco en esta ocasión con el venturoso camino de notas que conduce hasta la felicidad. Ellos saben que se halla allí escondido y pueden escuchar los murmullos y los suspiros de sus armonías, pero a la hora de intentar intimar con las notas, estas comienzan a escapárseles, riendo alborozadas, como igual les pasa con las hebras de los cabellos de los ángeles.

 Se sirve otro trago. Tal vez ahora sí que pueda ser capaz de encontrar ese mi sostenido y esos soles radiantes que lo lleven en volandas a lo largo de toda la escala y lo alojen en el paraíso, o tal vez se tenga que conformar de nuevo, como si de un gentil novio adolescente se tratase, con acariciar embelesado el vientre pleno de la guitarra y sea el mero tacto del cordaje, su textura y su esencia, el que consiga hacer que se sienta bien.

 Entre trago y trago de nostalgia va desgranando en esta tarde seca, una vez más, la historia absurda de su vida, una vez más, la vida de un hombre confundido, de un hombre extraviado, de un ser humano que pretendía ser siempre feliz y terminó, para poder lograrlo, echándose de novia a la tristeza.

 Entre trago y trago de sinceridad va desflorando con sus dedos, huyendo en loca fuga entre las cuerdas, sus penas y sus ansias, su esperanza y su resignación... porque le consta, al cabo, que el único remedio infalible que conoce para seguir riendo, para continuar creyendo, para seguir amando... es escuchar la música.

 La música. Suena la música. El la escucha ¡cómo no!. Y, cada vez que las lágrimas le humedecen los ojos, renueva su humildad y su hombría, derramándolas.