
Una tarde tras otra insiste en hacerse amigo de la felicidad. Casi siempre le parece ver reflejada su sonrisa en el culo del vaso. Esta vez le ha pasado. Vuelve a coger la botella y a llenarlo con parsimonia. Afina la guitarra, comienza a puntear las cuerdas sin saber a donde le conducirán sus dedos ¿a la soledad? ¿hasta los besos de un antiguo amor? ¿hacia la sencillez y la rotundidad del viento?. Desliza su mano izquierda calculadamente, delicadamente, sobre el mástil, tanteándolo... trasteando... acariciando las cuerdas que lo cruzan. Provenientes de la caja se escuchan unas olas que rompen frente a la playa, los jadeos de una muchacha a punto de romper en lágrimas... Hablan las cuerdas, la madera, el vacío: reproducen las palabras amargas de una amante dolida que no le permitió quererla menos de lo que amaba a la tristeza. Una mujer morena, cuyo orgullo herido la hacía recelar insistentemente de la sinceridad de su amor. Una mujer desdichada.
Y sus dedos aflojan la presión que ejercen, dejan de moverse, se quedan inertes... sin haber podido dar tampoco en esta ocasión con el venturoso camino de notas que conduce hasta la felicidad. Ellos saben que se halla allí escondido y pueden escuchar los murmullos y los suspiros de sus armonías, pero a la hora de intentar intimar con las notas, estas comienzan a escapárseles, riendo alborozadas, como igual les pasa con las hebras de los cabellos de los ángeles.
Se sirve otro trago. Tal vez ahora sí que pueda ser capaz de encontrar ese mi sostenido y esos soles radiantes que lo lleven en volandas a lo largo de toda la escala y lo alojen en el paraíso, o tal vez se tenga que conformar de nuevo, como si de un gentil novio adolescente se tratase, con acariciar embelesado el vientre pleno de la guitarra y sea el mero tacto del cordaje, su textura y su esencia, el que consiga hacer que se sienta bien.
Entre trago y trago de nostalgia va desgranando en esta tarde seca, una vez más, la historia absurda de su vida, una vez más, la vida de un hombre confundido, de un hombre extraviado, de un ser humano que pretendía ser siempre feliz y terminó, para poder lograrlo, echándose de novia a la tristeza.
Entre trago y trago de sinceridad va desflorando con sus dedos, huyendo en loca fuga entre las cuerdas, sus penas y sus ansias, su esperanza y su resignación... porque le consta, al cabo, que el único remedio infalible que conoce para seguir riendo, para continuar creyendo, para seguir amando... es escuchar la música.
La música. Suena la música. El la escucha ¡cómo no!. Y, cada vez que las lágrimas le humedecen los ojos, renueva su humildad y su hombría, derramándolas.
12 comentarios
Veo en mal camino a ese músico. No tengo gran experiencia en la materia, pero algo me dice que cuando se buscan en la música olas rompientes, sollozos femeninos y otros caminos más o menos metafóricos de la felicidad uno acaba, efectivamente, teniéndose que conformar con el tacto de las cuerdas y el propio reflejo en el culo del vaso. Es más recomendable dedicarse, prosaica y sistemáticamente, a buscar escalas, arpegios, acordes, tónicas y otros asuntos sumamente técnicos, sin más pretensiones. De ese modo puede suceder, incluso, que un día se acabe descubriendo que uno está haciendo buena música y hasta que es razonablemente feliz. Y quien sabe si algún oyente hasta descubra, en esa simple y honrada música que uno hace, algún sollozo de mujer, algún eco del mar y hasta algún destello de felicidad. Esas cosas, si se dan, se dan siempre por añadidura y sin buscarlas, después de mucho trabajo concienzudo y con los pies en la tierra.
De momento, un apunte del buen camino: dile a tu músico de mi parte que Mi sostenido NO EXISTE. Eso se aprende en primero de solfeo.
Demoledor. Menos mal que, al final, no he incurrido en el sacrilegio de dedicarte el post, como estuve tentado de hacer en su momento. Cambiaré lo del "mi sostenido" por alguna otra nota que sí que pueda sostenerse. Ya averiguaré cual en la wikipedia. Y la verdad no sé si se puede componer al margen de imágenes, recuerdos, sensaciones. Bueno, seguro que sí que se puede, pero me imagino que también será posible idear música a partir de todas esas cosas de las que hablo en el post.
Un abrazo. Y la próxima vez procuraré mostrarme un poco más prosaíco que sé que tanta eternidad y tanta espiritualidad te cargan un poco. Y me debo a mis lectores. A ti y al Lansky.
No era mi intención demolerte nada, pero me has tocado un asunto sensible. La música me gusta probablemente más que ninguna otra cosa, y por eso mismo me revientan las construcciones líricas en torno a ella. Suscita emociones, sí, y habla de sentimientos, pero a condición de que se la trate rigurosamente como lo que es: organización de sonidos en el tiempo. Igual que un edificio puede ser una obra de arte que hable a nuestras emociones, pero si lo es, lo es a base de, antes, ser cimientos, pilares, muros, vigas, forjados, ladrillos, cálculos de resistencia de materiales y organización de espacios; y el buen arquitecto es, en primer lugar, el que sabe manejar bien esas cosas y solo a partir de ellas se permite pensar en poesías espaciales y otras gaitas. Las casas no se empiezan por el tejado -ni por la "función simbólica", sea esto lo que rayos sea- ni las músicas por las emociones: con suerte, terminan en ellas, a condición de que al hacerlas se haya pensado en lo que hay que pensar.
(Que una nota sea "sostenido" no significa que pueda sostenerse, sino que es medio tono más alta que la que no lleva esa apostilla. Re sostenido es la nota medio tono más alta que Re; la tecla negra del piano justo a la derecha de la tecla blanca que es Re. Si te fijas en el teclado, verás que Mi no tiene tecla negra a la derecha. Si subes medio tono desde Mi, lo que tienes es Fa, no Mi sostenido. Caprichos de la escala, qué quieres que yo le haga.)
Pero si me hubieras dedicado el post no me habría parecido un sacrilegio, sino un detalle estupendo. La próxima vez que te entren ganas, por mí no te prives.
Yo también me imagino que no se puede componer música al margen de imágenes, recuerdos y sensaciones. Todo ello está en el ánimo del que compone, pero no es lo que usa para componer. Cataliza la creación, si quieres, o la preside, o la dirige, o la inspira, o simplemente la acompaña, pero la música no está hecha con ello, sino con corcheas, semicorcheas y cosas así. Con sonidos, vaya, y con silencios. Con ninguna otra cosa.
Desde pequeñito he detestado la "música programática" y las explicaciones doctas: "El tema inicial es Isolda", "el fagot es el abuelo de Pedro", "ahora los pastores danzan en el prado", "Ahí se oye cantar al cuco..." Mentira todo. El tema inicial son cinco notas, y aunque el compositor es muy dueño de imaginarse a Isolda cada vez que suenan, no lo es de pretender que a ningún oyente le pase lo mismo, y, de hecho, A NINGUNO LE PASA. Sin explicaciones previas nadie que escuche a Wagner o a Prokofiev o a Vivaldi se imagina a Isolada por oir cinco notas, ni oye al abuelo cuando suena el fagot, ni piensa en pastores que bailan al oir la tarantela. Y las explicaciones previas no añaden nada al genuino placer de escuchar música, solo lo complican y lo empobrecen, reduciendo las infinitas e incontrolables emociones que la música provoca, mediante un esfuerzo deliberado, penoso y estéril, a un triste remedo de lo que el autor tuvo la malhadada idea de hacer saber que pretendía decir. La música no está hecha para contar historias, ni para describir escenas ni paisajes, para eso ya están la literatura y la pintura. La música es un lenguaje mucho más rico y potente, y también más abstracto, impreciso e incontrolable. Habla a nuestra emociones y a nuestros sentimientos con mucha más fuerza que ningún otro medio expresivo, pero sin ninguna precisión. No transmite mensajes inequívocos, suscita emociones, distintas en cada oyente y sin el menor control por parte del compositor ni de los intérpretes, que nunca deben arrogarse la insolente pretensión de ser quienes las dirijan.
Y tú, por tu parte, muéstrate prosaico o no, según te dé a ti la gana. En tus posts mandas tú, y si a mi me carga tu insistencia en la floritura y el firulete es problema mío. Lo más que puede pasar es que te endilgue uno de estos sermones con los que yo me lo paso muy bien y que espero, sinceramente, que a ti no te molesten demasiado. Un abrazo.
Vanbrugh
Mi apostilla sobre el "mi" sostenido era simplemente un homenaje a Mario Moreno, también conocido por Cantinflas.
En cuanto al fondo de tus comentarios, los suscribo prácticamente al ciento por ciento. Y de su consistencia argumental lo que habría que deducirse -en principio- es que lo que fundamentalmente se evoca a la hora de componer son otras melodias. Esto es inobjetable.
Dejo ahora, aquí, abierta una puerta a la duda, si a la hora de escribir nos inspiramos en imágenes y música (a mi, al menos, la música me inspira) y a la hora de pintar va a caber tener como inspiración historias y melodías ¿no podría ser igual posible que a la hora de componer tuvieran alguna influencia en el creador las imágenes/la pintura y las palabras/la literatura?.
Todo esto viene por haber decidido transformar al meláncolico cantante que en una primera instancia protagonizaba mi historia en guitarrista (asimismo melancólico, como no podía ser menos tratándose de mi).
¿Habéis leído "Una Música Constante", de Vikram Seth. ¿Cuál es vuestra opinión?. La mía es que la segunda parte de la novela decae muchísimo. A mi todo lo que sucede a partir del viaje a Venecia me parece que está de más.
UN ABRAZO.
La leí hace un porrón de tiempo. Recuerdo a un... ¿chelista? que tocaba en un... ¿cuarteto? de cuerda... habían hecho una versión de... ¿las Variaciones Goldberg? para la formación que fuese... y había también alguna complicación amoroso-musical con una intérprete que se estaba quedando... ¿sorda? Bueno, aunque no lo parezca, me gustó, eso sí lo recuerdo, y en cambio no creo que ninguna parte en especial me pareciera inferior al resto.
Sí, me imagino que una de las materias primas de la música son otras músicas. Pero solo lo imagino, porque mi actividad como músico activo -quiero decir, lo contrario de oyente- es realmente limitada: toco la armónica si nadie logra evitarlo, silbo en la soledad de mi despacho, canto a voces si consigo que alguien me acompañe y, últimamente, investigo la escritura musical con un fantástico programa de ordenador. Pero lo que se dice componer, la verdad...
E influirán e inspirarán también imágenes y palabras y vivencias, sin duda. Todo lo que tenemos y sabemos condiciona en alguna medida y dirección lo que hacemos, sea escribir, pintar, componer, arreglar instalaciones eléctricas o follar. Lo que yo niego no es esa innegable influencia, sino que su huella en lo creado sea ni detectable, ni unívoca ni mucho menos legible. Una cosa es que las vivencias y emociones de Beethoven condicionen su música, en el sentido de que sin ellas sería de otra manera, y otra cosa es que oyendo la música de Beethoven se pueda deshacer el camino y adivinar qué vivencias y emociones tuvo el autor. Una cosa es que Prokofiev tuviera en la cabeza un cuento específico al componer "Pedro y el lobo" y otra que al oir "Pedro y el Lobo" alguien pueda entender otra cosa que una música abstracta, sin ninguna relación con el cuento más allá de las arbitrarias y convencionales que explica la guía adjunta y que solo existen en ella, no en la música.
Felicidades por su post Sr. Clavadista. Me ha encantado. Además me he sentido ciertamente identificado con ese momento privado y personal que es la composición de canciones, cuando el azar y las ideas toman una misma dirección y camino. Y esa soledad que está siempre asociada con la creación ya que, a mi humilde entender, no hay mayor situación de intimidad que esos minutos (u horas, según los casos) acariciendo las cuerdas de una guitarra o las teclas de un piano hasta que surge algo. Muy bonito, si señor. Además, y no se si este es el foro adecuado para contarlo, tuvo el privilegio de escucharlo (que no leerlo) por primera vez de viva voz de su autor. Chapeau!!!
Hombre, amigo Oldham (alias PYM), debe saber que este foro es adecuado para todo siempre que ese todo no incurra en "lo ordinario", y "lo delictivo" lo bordeé tan solo.
Ahora bien que dada la tremenda suspicacia de mis eminentísimos -y escasííísimos lectores- no me cabe la menor duda que con su confesión pensarán, una de dos, o que es usted pariente mío, o bien que forma parte de una clac a cuyas obras yo, quedando a recíproca, también presto mi aliento.
Y para no desilusionarlos -a los angelitos- y para que vean que las dos cosas son ciertas. En este histórico momento, primo, paso a enlazarte.
A tu blog pienso entrar como Atila, avisado quedas. El desmesurado elogio a Malkmus y cia. me parece hasta agresivo.
Un fuerte abrazo!
quisiera yo saber que tiene de metafórica felicidad un sollozo femenino,
en fín...me parece bien, en su línea relame heridas
dígale a su artista que se pase a la maría
es más fashion y creativa
besos
Confieso que no he podido con el hindú este, salvo un libro de viajes (iba de lagos) que me gustó. No sé si viene a cuento (estoy algo acelerado, escribiéndote entre dos ratos de desaceleración), pero el tío que mejor ha tratado para mi gusto la música en literatura es mi adorado Anthony Burgess, el de Poderes terrenales. No en vano fue también autor de un par de sinfonías, sonatas y conciertos, el tío.
Sarah
Un sollozo femenino es simpre, siempre, siempre... enternecedor. Alegres lo son sólo cuando la dicha es su causante, pero es que muchas veces lo que evocas cuando vas a componer algo son cosas tristes. Emotivas, pero tristes.
Lansky
Estooo....ejeeem....también Amenabar compone la banda sonora de sus películas. ¡Ta hecho to un Da Vinci, el tío!.
Besos.
uy sí, yo cuando veo, escucho y siento sollozar a una mujer por las infidelidades de su marido...por el maltrato físico y psíquico del que es objeto...por la muerte de un hijo... por la enfermedad de su padre...o por la discrimación laboral de la que es objeto -todo esto por poner un ejemplo práctico y cercano eh?-pues, sí, va a tener usted razón...a mí se me ablandan las carnes -o se me ponen duras?-y me entra una cosa rara -será veneno?- que me sube de la boca del estómago...-será ternura?-...porque claro, yo no se por lo que sollozan las mujeres que usted conoce...será eso, o que yo tengo más facilidad para empatizar y envenenarme que para enternecerme...
y bueno, yo no soy compositora así que no se...pero eso dependerá de la persona y su circunstancia...la abuela de mi amiga conchi se pasa la vida plagiando las del manolo escobar
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